¿Qué dice la Biblia?
Naamán era un venerado capitán del ejército sirio que padecía de lepra. A pesar de su alto estatus, la humildad de Naamán surgió cuando reconoció los límites de su propio poder, lo que lo impulsó a seguir el consejo de una sierva y acudir al profeta Eliseo en Israel. Al llegar, el orgullo inicial de Naamán chocó con la sencillez de la orden del profeta de lavarse en el río Jordán. Sin embargo, gracias a la persuasión de sus siervos, Naamán se humilló y obedeció, experimentando una renovación tanto física como espiritual. Su viaje de regreso no solo fue con salud restaurada, sino también con un profundo reconocimiento del Dios de Israel como la verdadera fuente de sanidad.