¿Cómo puede un creyente tener la seguridad de su salvación?

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Del Antiguo Testamento

  • La seguridad de la salvación está arraigada en la fidelidad del pacto de Dios: Él salva, sostiene y guarda a Su pueblo (Isaías 43:1; Salmo 23:6; Salmo 121:7-8). Los creyentes pueden confiar en que, aun cuando tropiecen, las promesas de Dios nunca fallan.

Del Nuevo Testamento

  • La Biblia ordena a los cristianos que se aseguren de que están realmente en la fe, para que no se engañen a sí mismos pensando que son realmente salvos cuando no lo son. Pablo dice:
  • “Pónganse a prueba para ver si están en la fe; examínense a sí mismos. ¿O no se reconocen a sí mismos de que Jesucristo está en ustedes, a menos de que en verdad no pasen la prueba?”
  • (2 Corintios 13:5).
  • Pedro también nos llama a asegurar nuestra salvación:
  • “Así que, hermanos, sean cada vez más diligentes para hacer firme su llamado y elección de parte de Dios; porque mientras hagan estas cosas nunca tropezarán;”
  • (2 Pedro 1:10).
  • Dios quiere que tengamos la seguridad de la salvación:
  • “Estas cosas les he escrito a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.”
  • (1 Juan 5:13).
  • No nos salvamos por nuestros propios esfuerzos, sino por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo (Efesios 2:8-9; Tito 3:5). La muerte de Jesús en la cruz y Su resurrección nos salvaguardan; nuestra responsabilidad es aceptarlo y confiar en Su obra.
  • Jesús promete que nadie podrá arrebatarle las ovejas de la mano y que las resucitará en el último día (Juan 10:27-29, 6:39). Esto significa que nuestra salvación está segura y guardada en Cristo.
  • En el momento de la salvación, el Espíritu Santo mora en los creyentes y es la garantía de nuestra herencia. El Espíritu Santo nunca abandonará a los creyentes, lo que confirma que nuestra salvación es segura (Efesios 1:13-14; Romanos 8:9, 16).
  • La seguridad viene a través de la obra consumada de Cristo y la morada del Espíritu: quienes confían en Él están seguros para siempre (Juan 10:28-29; Romanos 8:38-39; Efesios 1:13-14). La salvación produce la transformación a semejanza de Cristo (Romanos 8:29; 2 Corintios 3:18) y el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) como evidencia del poder guardador de Dios (Filipenses 1:6; Judas 1:24).

Implicaciones para hoy

Los verdaderos cristianos no pueden perder su salvación. ¿Qué hace que un cristiano sea verdadero? Los cristianos de todas las generaciones se han preguntado qué es lo que caracteriza a la verdadera fe salvadora, una cuestión importante relacionada con la seguridad de la salvación. Durante el Primer Gran Despertar (1725-1750), miles de personas afirmaron haberse convertido bajo la predicación de Jonathan Edwards y George Whitefield. Sin embargo, pocos años después, los críticos tacharon el movimiento de exageración emocional porque muchos “conversos” no daban pruebas de haber cambiado de vida. En respuesta, Edwards escribió Un tratado sobre los afectos religiosos, en el que sostenía que el verdadero cristianismo no puede medirse únicamente por las acciones externas, sino por la transformación interior. Edwards abrió su obra con una pregunta punzante: ¿Cuáles son los rasgos distintivos de quienes gozan del favor de Dios y tienen derecho a Sus recompensas eternas? Esa pregunta sigue siendo importante hoy en día, cuando la actividad espiritual —la asistencia a la iglesia, el bautismo o incluso decir las palabras correctas— puede confundirse con la fe auténtica. La Biblia es clara: la salvación llega mediante el arrepentimiento, la fe en Jesucristo (Joel 2:32; Hechos 16:31) y el nuevo nacimiento por el Espíritu (Juan 3:3, 5). Pero ¿cómo puedes saber que este nuevo nacimiento es real? Dos marcas sobresalen: nuevos afectos y nuevos frutos. Edwards observó: “La verdadera religión, en gran parte, consiste en afectos santos”. El creyente recibe un nuevo apetito, hambre de Dios y de Su Palabra (2 Corintios 5:17). Esos afectos internos se expresan naturalmente en frutos externos, como explica Santiago: la fe sin obras está muerta (Santiago 2:14). O, en palabras de Edwards, igual que el movimiento prueba la vida física, el movimiento santo prueba la vida espiritual. Jesús lo expresó con sencillez: “O hagan bueno el árbol y bueno su fruto, o hagan malo el árbol y malo su fruto; porque por el fruto se conoce el árbol.” (Mateo 12:33). Esto no significa que los cristianos nunca luchen contra el pecado o que siempre estén persiguiendo apasionadamente a Cristo. El mismo Pablo describió su lucha continua en Romanos 7. La diferencia es que los creyentes genuinos no pueden permanecer cómodos en el pecado o descartarlo como inofensivo. Un verdadero cristiano tendrá hambre de Dios y no permanecerá en un lugar seco y desolado espiritualmente. La verdadera fe salvadora se arrepiente, sigue volviéndose hacia Dios y da fruto con el tiempo. La pregunta sigue siendo urgente: ¿Está produciendo tu fe afectos piadosos y frutos santos? La seguridad de la salvación no viene de confiar en una decisión pasada, sino de ver la obra continua del Espíritu en tu vida. La verdadera fe salvadora está viva, te mueve hacia Cristo y está marcada por un creciente amor a Dios.

Comprende

  • Los creyentes pueden tener la seguridad de la salvación debido a la obra terminada de Cristo en la cruz.
  • La salvación de los creyentes está asegurada por el Espíritu que mora en nosotros y que nunca nos abandona.
  • Puedes estar seguro de tu salvación porque el Espíritu Santo te ayuda a arrepentirte y a vivir para Dios, impidiendo que permanezcas en un estado de pecado o duda.

Reflexiona

  • Cuando luchas con el pecado o la duda, ¿por qué es importante recordarte que tu salvación descansa en la obra terminada de Cristo y no en tu desempeño?
  • ¿Dónde ves evidencias de la obra transformadora del Espíritu Santo —nuevos deseos, arrepentimiento y fruto espiritual— en tu vida?
  • ¿Cómo confías en la verdad de las promesas de Dios y no en tus sentimientos para asegurarte de tu salvación?

Ponlo en práctica

  • ¿Cómo puedes animar a otros creyentes a recordar la obra de Dios en la salvación cuando surgen dudas sobre la misma?
  • ¿De qué manera puedes discernir la fe salvadora genuina en tu vida y en la vida de aquellos que profesan ser creyentes?
  • ¿Por qué es importante distinguir entre las luchas temporales con el pecado y un estilo de vida de pecado no arrepentido cuando piensas en la seguridad de la salvación? ¿Qué puedes hacer para crecer en la fe y la seguridad durante estos tiempos?