¿Qué dice la Biblia?
Job, un hombre rico y justo de la tierra de Uz, soportó un sufrimiento inmenso, pero nunca pecó ni culpó a Dios. Tras perder sus riquezas, sus hijos y su salud, Job se lamentó profundamente, pero siguió adorando a Dios, diciendo: “El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó. ¡Bendito sea el nombre del SEÑOR!” (Job 1:21). A pesar de la insistencia de su esposa y de las acusaciones de sus amigos, Job se mantuvo firme en su confianza en la justicia y la misericordia de Dios, y afirmó: “Aunque Él me mate, en Él esperaré” (Job 13:15). Finalmente, Dios le habló a Job, revelándole Su soberanía y sabiduría. Al oír esto, Job se arrepintió con humildad. Reconocer a Dios por quién es Él y saber que Él tiene el control nos permite hacer lo mismo. Al final, Dios restauró la fortuna de Job, bendiciéndolo con más de lo que tenía antes, como recompensa por su fe inquebrantable y su integridad.