Jesús no es el arcángel Miguel; es el Hijo eterno de Dios, plenamente divino y plenamente humano, distinto de todos los seres creados, incluidos los ángeles. Miguel es descrito como un arcángel (Judas 1:9), y los ángeles son seres creados no dignos de adoración. En cambio, Jesús es adorado y posee autoridad divina (Juan 1:1, 14; Hebreos 1:3-6). Solo Jesús completa lo que ningún otro ser podría, incluida la salvación y la mediación entre Dios y la humanidad.
Si Jesús fuera simplemente Miguel, carecería del poder para perdonar los pecados y redimir a la humanidad, lo que socavaría el evangelio. Hebreos 1 destaca la supremacía de Jesús sobre todos los ángeles, afirmando Su identidad divina y autoridad eterna (Hebreos 1:5-8). Puesto que Jesús es superior a todos los seres espirituales, puedes acercarte a Dios con confianza, recibir el perdón y confiar en Su provisión inmutable. Su papel único como Salvador, Mediador y Rey garantiza las promesas de Dios y te asegura la vida eterna.
La Biblia no presenta a Jesús como un ángel creado, sino como Dios el Hijo: eterno, divino y digno de adoración. Si Jesús fuera simplemente Miguel, entonces sería un ser creado y no Dios mismo. Eso socavaría Su poder para salvarte, porque solo Dios puede perdonar los pecados y proporcionar la redención eterna. Hebreos 1 contrasta específicamente a Jesús con los ángeles, afirmando que Él es mayor que todos ellos y que el Padre se dirige a Él como Dios (Hebreos 1:5-8).
Los Testigos de Jehová afirman que Jesús es el arcángel Miguel, un ser creado que fue el primero y el mayor de los ángeles de Dios, pero la Biblia distingue claramente a Jesús de los ángeles. Él es Dios hecho carne, más grande que todos los ángeles. Porque Jesús es mayor que los ángeles, tienes confianza en que Su sacrificio te trae el perdón de los pecados. Puedes confiar en Su provisión de salvación. Tienes consuelo, sabiendo que Él media entre tú y el Padre y asegura tu herencia eterna. A diferencia de los ángeles, Él es eterno, inmutable y plenamente Dios, capaz de satisfacer toda necesidad espiritual. Puedes adorarlo con plena seguridad, sabiendo que solo Él tiene el poder de salvarte, redimirte y llevarte a la presencia de Dios. Su supremacía sobre todos los seres espirituales pone de relieve Su papel único como Salvador y Rey. En última instancia, la identidad divina de Jesús garantiza la fiabilidad de las promesas de Dios para tu salvación y la eternidad.