La palabra rapha significa “curar” o “recomponer algo” (como remendar una prenda). Jehová es una pronunciación antigua de YHWH, que es el nombre personal de Dios. Por tanto, Jehová-Rafá significa que Dios es un Dios que sana. Jehová-Rafá es un título derivado de Éxodo 15:26, donde Dios dice a Israel: “Yo, el Señor, soy tu sanador”. Aunque el término aparece por primera vez en un contexto de liberación física, la curación de Dios se extiende a la enfermedad espiritual. Él sana los corazones quebrantados (Salmo 147:3), restaura a los reincidentes (Oseas 14:4) y perdona el pecado (Salmo 103:3).
Para proporcionar la curación espiritual, envió al Siervo (Isaías 53), que es Su Hijo, Jesús, a morir como sacrificio (1 Pedro 2:4). Después de que Jesús murió y resucitó, se ofreció sanidad espiritual a hombres y mujeres de todo el mundo. Todo aquel que se arrepiente de sus pecados y cree en Él recibe esa sanidad eterna y queda capacitado para vivir con Dios para siempre (Juan 3:16).
Llamar a Dios Jehová-Rafá te recuerda que Él es un Sanador personal y tierno. Él ve tu dolor físico y emocional y está dispuesto a escucharte. Porque Él es Jehová-Rafá, puedes confiarle tus cargas.
Sin embargo, aunque Dios es capaz de sanarte físicamente, Su primera prioridad es tu sanación espiritual. Por eso envió a Su Hijo, Jesús, para que llevara Su ira en tu lugar. Jesús no fue enviado para “remendarte”, sino para restaurarte a la plena comunión con el Padre. Jesús trae vida eterna, pero solo a aquellos que se arrepienten y confían en quién es Él y en lo que ha hecho. Para aquellos que lo hacen, sin importar lo que la vida les traiga, su estado espiritual ha sido sanado, ¡su eternidad está asegurada!
Una vez que tu gran enfermedad espiritual ha sido sanada, tienes libre acceso a Dios (Hebreos 10:19). Sin embargo, ser creyente no significa ni garantiza la curación física. Aunque Dios es Jehová-Rafá, Él usa este mundo maldito por el pecado, incluyendo sus enfermedades, accidentes y dolor relacional, para madurar a Sus hijos e hijas (Santiago 1:2-4). Todo lo que hace es para tu bien eterno (Romanos 8:28).
Si eres un creyente, al traer tus heridas físicas y emocionales a Él, recuerda que Su mayor sanidad ya ha ocurrido. Has sido sanado de la maldición del pecado y reconciliado con tu Creador. Esa sanidad es más profunda que cualquier diagnóstico y más duradera que cualquier cura. Así que, sí, ora por sanidad física porque Él es Jehová-Rafá. Pero también, a través de tu dolor, busca Su mano para restaurar tu corazón, profundizar tu confianza y hacerte más como Cristo.