¿Qué es el fruto del Espíritu?

La frase “el fruto del Espíritu” ha causado mucha confusión por los años. Tal vez sería más fácil comenzar explicando lo que no es el fruto del Espíritu. No es el resultado de un esfuerzo que puede hacer uno. No el esfuerzo de tener fe ni de obedecer o ser amable o amoroso. El fruto del Espíritu no tiene nada que ver con un esfuerzo que puede hacer un creyente.

El fruto del Espíritu es el resultado natural de la presencia del Espíritu Santo dentro del creyente. Filipenses 2:13 dice, “pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.” En cambio Isaías 64:6 dice, “Todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia…” No podemos hacer nada bueno por nuestra propia cuenta. Como dice Hebreos 13:20-21, “El Dios que da la paz, que él los capacite en todo lo bueno para hacer su voluntad.” Dios cumple esto por medio del Espíritu Santo dentro del creyente, cambiando su carácter (Filipenses 1:6) y manifestando el buen “fruto”. Gálatas 5:22-23 nombra las características de este fruto.

Amor – agape: El amor de agape no es una emoción dulce, afectuosa y sentimental. Es una decisión de poner a los demás primero y de sacrificar nosotros mismos por ellos (John 15:13). Este tipo de amor solo puede venir por medio del poder de Dios.

Alegría – chara: Alegría no es felicidad: es decir, no depende de la situación. Es independiente de nuestra situación. En Filipenses 2:1-4, Pablo relaciona la alegría completa con la comunión y paz en el cuerpo de Cristo. La alegría verdadera es el resultado de una relación correcta con Dios.

Paz – eirene: Paz significa todo lo bueno dentro de una relación: harmonía, simpatía, seguridad, orden, reposo y satisfacción. 1 Corintios 3:3 afirma que el opuesto, el – conflicto – es de la carne.

Paciencia – makrothumia: Paciencia en este sentido no se refiere a mantener el control o esperar algo. Significa superar cuando estés sufriendo o siendo perseguido. Como dice 1 Corintios 13:5-7 y el silencio de Jesús mientras fue azotado y golpeado (Isaías 53:7).

Amabilidad – chrestotes: La Biblia no nos dice de ser “bueno con alguien”. “Ser bueno con alguien” a veces viene del temor de lo que los demás creen o harán. “Amabilidad” es más difícil. Cubre los morales e integridad necesitada para saber la acción correcta con la fuerza de escogerla.

Bondad – agathosune: Bondad es amabilidad con un poco más. Es una amabilidad feroz, que puede hacer lo correcto aunque sea difícil, aunque haga sufrir a alguien. “El bien o lo bueno” en el Nuevo Testamento es casi siempre relacionado con Dios (Santiago 1:17).

Fidelidad – pistis: Fidelidad en este versículo no significa lealtad o dependencia. Significa creer en Dios, el reconocimiento de Su Palabra, rendirse a Él y las acciones que naturalmente resultan de esta rendición (Hebreos 11:1). Cuando poseemos el fruto del Espíritu de fidelidad, estamos llenos de fe y confianza en Dios.

Humildad – prautes: Esta palabra no tiene una traducción exacta al Español, aunque humildad se usa muy seguido. No se refiere a las acciones o actitudes hacia otros sino a la condición espiritual de la sumisión a Dios. Significa aceptar su corrección sin resistir o pelear. Como la fidelidad, la humildad viene desde una posición de fuerza. Es la sumisión y gracia sin preocuparse por los derechos propios (Filipenses 2:5-7).

Control propio – egkrateia: Control propio solo puede ser manifestado mediante la fuerza. La raíz de la palabra implica un poder fuerte, el dominio y restricción. La enseñanza de Pablo sobre el control propio espantó a Félix, el gobernador que afrontó en Hechos 24 (ver versículo 25).

Lo más importante sobre el fruto del Espíritu es que le pertenece al Espíritu. Seguido nos demandan ser más amorosos, o de tener alegría, o de ser mas amables, pero no podemos hacerlo sin el poder del Espíritu Santo dentro de nosotros. Es el Espíritu Santo quien da amor (1 Juan 4:7), alegría (1 Tesalonicenses 1:6), paz (Romanos 8:6), paciencia (Colosenses 1:11), amabilidad (2 Pedro 1:1-9), bondad (2 Tesalonicenses 1:11), fe (Efesios 2:8-9), humildad (2 Corintios 10:1) y dominio propio (2 Pedro 1:6). Aún así, tenemos una parte. Nuestra actitud y nuestras acciones afectan como el Espíritu Santo trabaja dentro de nosotros. Podemos saciar Su poder e influencia (Efesios 4:30), o podemos compartir en el trabajo de la santificación (1 Pedro 1:15; Hebreos 12:14). El “fruto” del Espíritu Santo es dirigido y alimentado por Dios. Si no permanecemos en Cristo, dejando que el Espíritu Santo de fruto en nosotros, nos cortará y se deshará de nosotros como la rama que se secó. (Juan 15:1-6).



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