¿Creó Dios el pecado?

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Del Antiguo Testamento

  • Dios creó todo lo bueno (Génesis 1), y nada de lo que hizo era pecaminoso; el pecado entró más tarde a través de la rebelión.
  • Adán y Eva desobedecieron a Dios en Génesis 3, trayendo el pecado y la maldición sobre sí mismos y sobre el mundo que debían gobernar (Génesis 1:26, 28).
  • Las Escrituras afirman repetidamente la bondad y la justicia perfectas de Dios (Deuteronomio 32:4; Salmo 5:4-6).
  • Satanás y sus demonios fueron creados buenos, pero más tarde cayeron por orgullo y rebelión (Ezequiel 28; Isaías 14).
  • Dios, en Su soberanía, permitió la caída de Satanás, los demonios y la humanidad, pero Él mismo sigue siendo impecable y trascendente por encima de la creación (Isaías 55:8-9; Éxodo 15:11).
  • En ocasiones, las Escrituras atribuyen calamidades (ra’a) a Dios (Lamentaciones 3:38; Isaías 45:7; Amós 3:6), aunque nunca de un modo que lo haga culpable de pecado, ya sea la causa del mal o la acción del mismo.
  • La historia de Job muestra que Dios permite el mal moral y natural para Sus propósitos, incluso cuando los humanos no entienden por qué (Job 1–2; 38–42). Job reconoció la soberanía de Dios, pero pecó al exigir una explicación; la respuesta de Dios fue afirmar Su trascendencia y sabiduría. Él no puede pecar.
  • El pecado no durará para siempre; Dios promete juzgar todo mal con decisión (Isaías 13:11; Malaquías 4:1). Tú eres responsable del pecado, y tú tendrás que rendir cuentas, no Dios.

Del Nuevo Testamento

  • El pecado es todo aquello que va en contra del orden y las instrucciones perfectas de Dios. Por lo tanto, nuestra primera rebelión fue el pecado. A causa de ese pecado, todas las generaciones posteriores de seres humanos nacieron pecadoras (Romanos 5:12). Es decir, eres, por naturaleza, rebelde y pecador. Por lo tanto, el pecado no es algo creado, sino simplemente una palabra para “rebelión”. Tus pensamientos, palabras, sentimientos y acciones rebeldes son todos pecado.
  • Romanos 11:33 te dice que ni siquiera sabes por dónde empezar a buscar los pensamientos de Dios. Es decir, Su sabiduría, pensamientos e intenciones están por encima de lo que la humanidad puede comprender. Por tanto, la humildad es tu punto de partida a la hora de preguntarte por la relación de Dios con el mal. Aunque no comprendas del todo la existencia del pecado y de un Dios perfectamente santo y soberano, debes confiar en lo que Él dice, apoyarte en las verdades de Su carácter y saber que, aunque no puedas encajar todas las piezas, ¡todas deben ir juntas de alguna manera!
  • Santiago 1:13-14 te dice que no eres tentado o inducido a pecar por Dios, sino por tus propios deseos. Pecas porque deseas (“codicias”) algo que es pecaminoso.
  • “Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte”.
  • (Santiago 1:15).
  • A diferencia de ti, Dios es perfecto y todo lo que te da es bueno y perfecto (Santiago 1:16-17). Él no “cambia” ni tiene “variación”. Tener variación significaría que a veces Dios sería menos bueno o menos perfecto que otras veces. Pero Dios no cambia: Él es una corriente perpetua de bondad perfecta todo el tiempo... ¡incluso cuando te envía pruebas y sufrimiento! (ver Romanos 8:28-30).
  • Pablo repite por qué existe el pecado en el mundo:
  • “Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron”.
  • (Romanos 5:12). Cuando Adán pecó, Dios maldijo a hombres y mujeres. Esa maldición fue una naturaleza corrompida. Esa corrupción significa que todos pecan (ver Romanos 3:10-18). Como todos pecan, nadie es justo.
  • Cada pecado te es contado, lo que significa que eres responsable de cada uno de ellos (Apocalipsis 20:11-15).
  • Dios no pasa por alto el pecado, sino que castiga cada pecado, ya sea mediante la ira que Jesús soporta por los que confían en Él (1 Pedro 2:24; Romanos 3:25-26) o mediante el juicio final por los que lo rechazan (Juan 3:36; Apocalipsis 20:11-15). De este modo, Dios sigue siendo a la vez el justo y el justificador, plenamente justo a la vez que ofrece misericordiosamente el perdón por medio de Cristo (Romanos 3:26; 2 Corintios 5:21).

Implicaciones para hoy

Dios no creó el pecado, sino que el pecado entró en el mundo a través de la rebelión voluntaria de Sus seres creados, tanto ángeles como seres humanos. Esto significa que el pecado no es una fuerza fuera de tu control, sino una elección personal de la que eres responsable. Cuando pecas, no puedes culpar a Dios, que es perfectamente bueno y justo, sino que debes reconocer que tus propios deseos y decisiones te alejan de Su perfecta voluntad. Reconocer esta responsabilidad personal te llama a una reflexión honesta y a la humildad ante un Dios santo. A pesar de la gravedad del pecado y sus consecuencias —separación de Dios y juicio—, la provisión de Dios para la salvación ofrece esperanza. A través de la vida perfecta, la muerte sacrificial y la resurrección de Jesucristo, Dios abrió un camino para que fueras perdonado y reconciliado con Él. Cuando te arrepientes y confías en Jesús, tus pecados son cubiertos por Su justicia, y Dios ya no los tiene en cuenta contra ti. Este don de la gracia es a la vez un consuelo y una motivación para vivir en obediencia, honrando el increíble amor y la misericordia que Dios te ha mostrado. Vivir consciente de que Dios es justo y misericordioso te lleva a la humildad y la gratitud. Reconoces que eres una criatura caída necesitada de la gracia de Dios y que Su bondad va mucho más allá de lo que mereces. Puedes confesar tus pecados honestamente a Dios, sabiendo que Él te perdonará plenamente cuando te arrepientas y te vuelvas a Él. Puedes elegir vivir para Él en vez de para el pecado, reflejando Su carácter a un mundo que lo necesita desesperadamente. De este modo, no vives como víctima del pecado, sino como receptor agradecido del amor redentor de Dios, capacitado para caminar en la novedad de la vida.

Comprende

  • Dios no creó el pecado; todo lo que creó era “muy bueno”.
  • Dios es soberano sobre todas las cosas —incluyendo el pecado—, sin embargo permanece santo y no es moralmente responsable por él.
  • Tú, no Dios, eres responsable del pecado y tendrás que rendir cuentas; sin embargo, Dios te ama y te proporcionó la redención por medio de Cristo.

Reflexiona

  • Cuando te enfrentas a la tentación, ¿reconoces tu responsabilidad al elegir el pecado, o a veces culpas a tus circunstancias, o incluso a Dios?
  • ¿De qué manera el hecho de saber que Dios es soberano, pero no el autor del pecado, influye en tu forma de ver tus luchas personales contra el pecado?
  • ¿Cómo confías activamente en la bondad de Dios, incluso cuando no entiendes por qué permite que el mal exista en el mundo?

Ponlo en práctica

  • ¿Cómo puedes explicar a los demás que Dios es soberano sobre el pecado sin ser Su autor, y por qué es importante esa distinción?
  • ¿Qué te enseñan las enseñanzas bíblicas sobre la trascendencia y la justicia de Dios acerca de cómo responder al pecado?
  • ¿De qué manera la respuesta de Dios al pecado ayuda a revelar Su carácter —particularmente Su justicia, misericordia y gracia— de una manera más profunda?