¿Qué dice la Biblia?
Santiago 5:16 dice: “Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho”. Los versículos anteriores en esta sección de Santiago han demostrado la importancia y el poder de la oración, y los versículos siguientes nos darán el ejemplo de Elías. Este versículo nos muestra que la confesión debe ir acompañada de la oración y seguida del arrepentimiento, cambiando nuestros caminos para vivir en rectitud. Admitir que hemos pecado, sin arrepentirnos de ese pecado, no producirá ningún cambio real. Pero, ¿por qué debemos confesar nuestros pecados? ¿Y a quién debemos confesarlos? La confesión de un pecado es la admisión de lo que hicimos y el reconocimiento, junto con Dios, de que nuestras acciones o palabras fueron incorrectas. En un tribunal, una persona que confiesa un delito está aceptando que, de hecho, violó una norma social. Cuando confesamos nuestros pecados, estamos admitiendo que violamos la ley de Dios. Admitimos que elegimos hacer, decir o pensar algo opuesto a la voluntad de Dios, y que somos culpables ante Él.