¿Habla la Biblia sobre quejarse?

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En resumen:

La Biblia describe la queja de formas tanto positivas como negativas. Expresar insatisfacción por el mal en el mundo y anhelar la redención de Dios no es pecado, pero quejarse con una falta de respeto e ingratitud hacia Dios sí lo es.

Del Antiguo Testamento

  • Quejarse tiene una larga historia, que comienza con Adán. Al ser confrontado por su desobediencia, Adán se quejó ante Dios, culpándolo a Él por haber creado a Eva y a Eva por haberle dado el fruto prohibido (Génesis 3:12). Moisés se quejó en la zarza ardiente (Éxodo 3-4) y, más de una vez, de las quejas y la idolatría de los israelitas (Éxodo 17:4; 32:31-32). El libro de los Salmos refleja la mayoría de las emociones humanas, si no todas, y la queja no es la excepción (Salmo 12:1-2; 22:1). Aunque la mayoría de nuestras quejas son pecaminosas, es posible lamentarse sin pecar: Job lo hizo (Job 1:22; 2:10). No está mal expresar insatisfacción con un mundo caído y anhelar la redención de Dios, pero sí está mal hacerlo con una actitud irrespetuosa hacia Dios o centrándose únicamente en el beneficio y la comodidad egoístas (Salmo 73). No está mal hacerle preguntas a Dios, pero sí lo está cuestionar Sus motivos como si fuéramos Sus jueces.

Del Nuevo Testamento

  • En el peor de los casos, cuando nos quejamos, en el fondo estamos diciendo que no nos gusta lo que Dios está haciendo o permitiendo en nuestras vidas y que no confiamos en Su soberanía. A menudo, cuando nos quejamos, nos concentramos en las cosas equivocadas (Santiago 4:1-3).
  • En lugar de quejarnos de nuestras dificultades, podemos imitar la actitud de Pablo. Podemos estar seguros de nuestra justificación ante Dios por medio de Cristo, estar en paz con Él y saber que tenemos acceso a Él por la fe (Romanos 5:1-2). Nos mantenemos firmes en Su gracia y nos regocijamos en la esperanza (Romanos 5:2): “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza. Y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3-5; cf. Santiago 1:2-4). En lugar de quejarnos, confiamos en que Dios está actuando y en Él depositamos nuestra alegría y nuestra fortaleza para seguir adelante (Romanos 8).
  • A menudo somos más propensos a quejarnos por cosas sin importancia que por el verdadero sufrimiento, pero tales quejas son impropias de los hijos de Dios. Pablo escribe a la iglesia de Filipos que proteja su testimonio evitando las quejas: “Hagan todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones, para que sean irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual ustedes resplandecen como luminares en el mundo...” (Filipenses 2:14-15).

Implicaciones para hoy

En el mejor de los casos, nuestras quejas deberían formar parte de nuestra vida de oración, para que podamos preguntarle a Dios cómo quiere que manejemos las situaciones. Cuando convertimos nuestras quejas en oraciones, abrimos la puerta a la sabiduría y la guía de Dios para gestionar nuestras circunstancias (Santiago 1:5). En lugar de refunfuñar u obsesionarnos con nuestras frustraciones, podemos presentarle nuestras preocupaciones a Dios, confiando en que Él actuará en nuestras situaciones y a través de ellas para Su gloria (Romanos 8:28-29). Este enfoque no solo nos permite experimentar Su paz, sino que también cambia nuestro enfoque del descontento a la fe y la gratitud. Cuando reconocemos que nuestras quejas a menudo se originan en la desconfianza, el egoísmo o el orgullo, debemos buscar humildemente el perdón de Dios y pedirle que transforme nuestros corazones (1 Juan 1:9). Esta transformación nos lleva a una actitud de agradecimiento, reconociendo la soberanía de Dios y confiando en que Él cumplirá Sus propósitos, incluso en medio de los desafíos. Cuando permitimos que nuestras actitudes se transformen en gratitud, honramos a Dios, crecemos espiritualmente y reflejamos Su carácter con mayor claridad a los demás.

Comprende

  • Quejarse puede expresar insatisfacción, pero no debe incluir el refunfuño.
  • Varios de los Salmos demuestran cómo acudir a Dios con honestidad en medio de la angustia y cuestionar las circunstancias respetuosamente, reconociendo la soberanía de Dios.
  • Los creyentes deben centrarse en la gratitud y la alegría en lugar de en la queja y el refunfuño.

Reflexiona

  • ¿Cómo respondes normalmente a las frustraciones o decepciones en tu vida? ¿Te quejas o conviertes esos sentimientos en oraciones?
  • ¿Cómo puedes expresar tu insatisfacción ante una situación con una actitud respetuosa hacia Dios, en lugar de juzgar o sentir que te mereces algo mejor?
  • ¿De qué manera puedes cultivar una actitud de gratitud y confianza en Dios, especialmente en circunstancias difíciles?

Ponlo en práctica

  • ¿Cómo puede ayudarnos a reaccionar ante las dificultades el comprender la diferencia entre expresar insatisfacción y refunfuñar?
  • Considera los ejemplos de quejas en la vida de personajes como Adán, Moisés y Job. ¿Qué conclusiones podemos sacar de sus experiencias?
  • ¿Qué medidas prácticas podemos tomar para cambiar nuestro enfoque de la queja a la confianza en la soberanía y la bondad de Dios en nuestra vida cotidiana?