En el Antiguo Testamento, el uso de primero y último como marcadores del principio y el fin de algo se ve en pasajes como 1 Crónicas 29:29, que se refiere a los “hechos del rey David, los primeros y los postreros”. Jesús se llama a Sí mismo el Alfa y la Omega tres veces en el libro del Apocalipsis (Apocalipsis 1:8; 21:6; 22:13).
En griego, Alfa es la primera letra del alfabeto y Omega es la última. Llamarse a Sí mismo el Alfa y la Omega, equivale a que un hispanohablante diga: “Yo soy de la A a la Z”. Jesús elabora el significado de esta frase en Apocalipsis 22:13, donde se refiere a Sí mismo como:
“Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin”.
Como el Alfa y la Omega, Jesús se conecta con declaraciones de Dios
La primera vez que se utiliza Alfa y Omega en las Escrituras es la que mejor lo resume. Apocalipsis 1:8 dice:
“«Yo soy el Alfa y la Omega», dice el Señor Dios, «el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso»”.
Jesús es el Eterno y el Todopoderoso que un día regresará para cumplir las profecías restantes de las Escrituras. Como el Alfa y la Omega, Jesús tiene una naturaleza eterna. Tuvo un papel en la creación, y actualmente sostiene el universo y es el Mesías.
Cuando lees las palabras de Jesús refiriéndose a Sí mismo como el Alfa y la Omega en Apocalipsis, encuentras a Uno que se refiere a Sí mismo como Señor y que un día hará nuevas todas las cosas (Apocalipsis 22). Jesús es el futuro en el que puedes depositar tu esperanza.
Saber quién es Jesús es importante, ya que es el único digno de morir por los pecados de la humanidad. Poner la fe en alguien o en cualquier otra cosa —dinero, tus obras, líderes carismáticos— es infructuoso. Jesús preguntó a Sus apóstoles:
“Él les dijo*: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?»”.
Responde como Pedro:
“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.
(Mateo 16:15-16).