¿Qué dice la Biblia?
La Biblia presenta el “aleluya” como una orden de alabar a Dios, tomada del imperativo hebreo halelu (“alabar”) y de la forma abreviada del nombre personal de Dios, Yah (Salmo 113:1; Salmos 146–150). En la poesía hebrea, especialmente en los Salmos, esta llamada a la alabanza se repite con frecuencia como una orden directa al pueblo de Dios. Siempre se centra en la naturaleza y los actos de Dios: Su justicia, compasión, majestad y fidelidad (Salmo 146:6-9; Salmo 147:5-6). En el Nuevo Testamento, el término aparece en Apocalipsis 19, donde la multitud celestial alaba a Dios por Su salvación, gloria y justos juicios (Apocalipsis 19:1-6). El uso de “aleluya” aquí muestra que no se trata simplemente de una respuesta emocional, sino de una declaración reflexiva de quién es Dios. En conjunto, estas Escrituras muestran que decir “aleluya” es un acto intencionado de adoración dirigido al único Dios verdadero, afirmando Su nombre, Sus actos y Su merecimiento de toda alabanza.