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¿Será necesario el bautismo para la salvación de acuerdo a Juan 3:5?

Juan 3:5 nos presenta a Jesús diciendo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". Algunos interpretan este versículo diciendo que el bautismo es necesario para la salvación. ¿Será esa una interpretación correcta?

Lo que se discute en este pasaje es específicamente acerca de "nacer de nuevo" y lo que eso conlleva. La palabra griega que se traduce como bautismo no se menciona en esta parte. Pensar en el bautismo porque se hace referencia al agua no tiene fundamento.

Sin embargo, si este versículo no habla del bautismo en agua, ¿qué significan las referencias al agua y al Espíritu? Hay dos posibles interpretaciones. Primero, "nacido del agua y del Espíritu" puede referirse a nacer físicamente y nacer de nuevo espiritualmente.

Aunque esta interpretación puede encajar en el contexto, otros ofrecen una segunda interpretación, ya que todo el contexto parece centrarse en el aspecto espiritual del nuevo nacimiento. "Nacer del agua y del Espíritu" podría describir diferentes aspectos del mismo nacimiento espiritual. Si es así, cuando Jesús afirmó que una persona debe nacer de agua y del Espíritu para nacer de nuevo, no se refería al agua literal (haciendo referencia al líquido amniótico en el vientre materno durante el nacimiento físico), sino a la necesidad de una limpieza espiritual. Tanto el agua como el Espíritu (palabra que también se puede traducir como "viento") se utilizan de esta manera en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el Salmo 51:2 pide a Dios: "Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado". Incluso en el Nuevo Testamento, el agua a veces se utiliza en referencia a la idea de limpieza o purificación espiritual. Por ejemplo, en Tito 3:5 se dice que "nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo". Aquí, el lavamiento y el Espíritu van de la mano, de la misma manera que Jesús lo hace en Juan 3:5.

Además, Juan 3:16 aclara que la salvación no es por el bautismo en agua, sino por la fe en Jesucristo: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". El resto del Nuevo Testamento también enseña con claridad que la salvación es solo por gracia, únicamente por la fe en Cristo. Juan 1:12 dice: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". Efesios 2:8-9 dice: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe". Estos y otros pasajes enseñan claramente que sólo la fe en el Jesús resucitado como Señor es necesaria para la salvación.

Ahora bien, ¿cuál es la función del bautismo? Es importante por varias razones. Primero, Jesús mismo fue bautizado antes de comenzar Su ministerio terrenal. Segundo, los primeros seguidores de Jesús fueron bautizados. En tercer lugar, Jesús mandó a Sus seguidores que bautizaran a otros en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28:18-20). Por este motivo, los primeros cristianos daban mucha importancia al bautismo. Con todo, las enseñanzas del Nuevo Testamento también dejan claro que la salvación se basaba en la fe en Jesús. Tanto la salvación como el bautismo son importantes. La salvación se recibe creyendo en Jesús como Hijo de Dios (Juan 3:16). El bautismo es un paso de obediencia para identificarse como seguidor de Jesús como prueba de esta nueva creencia.

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